El Papa Francisco convocó el 15 de octubre del 2017, una Asamblea Sinodal sobre la Pan Amazonía, especificando el objetivo principal: “encontrar nuevos caminos para la evangelización de aquella porción del Pueblo de Dios, sobre todo de los indígenas, muchas veces olvidados y sin una perspectiva de un futuro sereno, también por la causa de la crisis de la foresta amazónica, pulmón de fundamental importancia para nuestro planeta”.

Durante su visita a Puerto Maldonado, 19 de Enero 2018, el Papa anunció oficialmente que la fase preparatoria del sínodo, empezaba ese día, allí con la reunión de la Comisión. En esa fecha, año de nuestro Centenario, participamos congregacionalmente, representadas por nuestra Coordinadora General Hna. Raquel Gil Mas; quien junto a Hna. Susana Fong y los Hermanos Dominicos, entregaron un presente a su Santidad, en memoria de la Orden de Predicadores.

A esta inauguración oficial, le siguió la fase preparatoria que fue trabajada en los nueve países de la Cuenca Amazónica; con 87,000 participantes debidamente identificados. Posteriormente se informó que el Sínodo se realizaría en Roma del 06 al 27 de Octubre, del presente año.

Junto a la publicación del Instrumentum Laboris, se iniciaron las invitaciones, consultas, postulaciones; de las personas a participar en el evento. Por derecho participarían los Obispos de los distintos Vicariatos o Diócesis comprendidos en el Territorio Pan amazónico y algunos líderes Indígenas. En mi caso fue una postulación que hizo la CONFER PERÚ  (Conferencia de Religiosas/os) a través de la CLAR (Confederación de Religiosas/os América Latina y El Caribe), a pedido de la UISG (Unión Internacional de Superioras Generales), quiénes habían recibido la invitación de diez cupos a cubrir y con criterios establecidos. Es así como me encuentro participando como Auditora en este acontecimiento eclesial, sobre la Amazonía, representando a la Vida Religiosa Femenina.

La realidad del caucho, después de 100 años, se cambió a la realidad de la minería ilegal, a la deforestación de los bosques, a la contaminación de los ríos. Nos llegan las voces de los científicos, quienes afirman que el cambio climático es real; “que la muerte de la Amazonía conlleva a la muerte del Planeta”. Nos llegan los gritos y clamores, sueños y esperanzas, de la Amazonía en su integralidad. Son los gritos de la tierra, son los gritos de los pobres, son los gritos de Jesús en la Cruz. Nuestros Fundadores y los casi 1200 mártires de la Amazonía, escucharon este clamor.

El Papa Francisco, como Pastor de la Iglesia,  nos está pidiendo que demos una respuesta sinodal y estamos en ese intento desde la fase preparatoria; pero bien sabemos que a veces nuestro corazón se endurece (cfr. Zac 4,1; Ef 7, 18; 1Jn 3,17) y nuestros oídos se cierran (Jer 6,10; Is 42,20) y hemos hecho un camino eclesial sin contar con los interlocutores. Hermanas, pido su oración para esta semana final de trabajo y podamos construir o diseñar algunas pautas que den respuesta a la urgencia de la defensa de la vida en la Amazonía.

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