“Quita las sandalias de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra sagrada” (Ex 3,5)

La Palabra de Dios nos recuerda, que el lugar que nos acoge y cobija es sagrado. Así nos sentimos las Hermanas en la Amazonía de la Región Madre de Dios, Territorio que nos vio nacer y nos sigue cobijando; es parte de nuestra identidad, en ella se santificaron nuestros fundadores. Es el Territorio de Pueblos Originarios y Sabidurías Ancestrales; Territorio que alberga grandes riquezas naturales; Territorio herido por la ambición del neoextractivismo, la indiferencia y olvido de muchos Gobernantes; Territorio que va siendo devastado sin piedad. A nivel de país, la Amazonía siempre ha sido ignorada. Paradójicamente la Región de Madre de Dios fue reconocida hace 25 años, capital de la Biodiversidad del Perú.

Para nosotras, redescubrir el rostro de Dios en los pobladores y realidades de esta Región, ha sido y sigue siendo un ejercicio de contemplación que nos permite comprometernos con su vida, sus iniciativas, sus sueños y reconectar  con nuestro origen y nuestras raíces, releyendo lo que el Espíritu recrea a su paso. Por eso, compartir esta memoria de nuestra presencia en Puerto Maldonado, capital de la Región Madre de Dios, en el marco de la convocatoria del Sínodo Pan Amazónico, es una gracia y busca sumar a todos los esfuerzos que se vienen haciendo por seguir visibilizando una realidad que duele y que compromete en los nuevos caminos a recorrer como Iglesia, en busca de vida plena para nuestros Pueblos Originarios y para la Humanidad.

 

  1. Nacimos en la Amazonía

El acto de fundación de la ciudad de Puerto Maldonado, Julio 1902, acompaña la historia eclesial del Vicariato y nuestra historia congregacional. En ese año había llegado Fr. Ramón Zubieta y Les, nombrado Prefecto Apostólico de la nueva Prefectura Apostólica, posteriormente  Vicariato de Puerto Maldonado; quien junto a M. Ascensión Nicol, fundan una congregación Misionera.

La confluencia de los ríos Madre de Dios y Tambopata, cobra la imagen de un corazón partido verticalmente por la mitad y abraza la ciudad de Puerto Maldonado; al calor de este abrazo y del clamor de la población explotada por los caucheros, se fue gestando el sueño misionero de la Congregación de Hermanas Misioneras Dominicas del Rosario.

Cuando nuestras Pioneras llegan por el río Tambopata a Puerto Maldonado, en julio de 1915, habían dejado su convento de semiclausura en Huesca, España y la invitación a quedarse en Lima para hacerse cargo de una misión conocida por ellas, como era la Educación en colegios de la Capital. La invitación del Misionero, Monseñor  Ramón Zubieta, para ir la selva peruana, había seducido sus corazones y la realidad narrada por él encontró respuesta en su disponibilidad y entrega a todo riesgo.

Aquí no sólo se explota la naturaleza, sino también al hombre o al hijo de la región a quien se le estruja y hasta lo último se le saca el jugo…Así que se oprime el corazón y se entristece el alma profundamente al contemplarlos.” [1] 

En Mons. Ramón Zubieta, quien concibe el trabajo apostólico como algo más que administrar sacramentos a los nativos, encuentran un gran aliado y maestro. El por formación y convicción, se compromete con el desarrollo del pueblo y al margen de las críticas de las que es objeto, de realizar trabajos impropios de un misionero; entiende la evangelización de modo integral: “Primero se han de formar los Pueblos, después las personas, y últimamente los cristianos”… “Yo pasé el día escribiendo palabras y frases del dialecto de los salvajes para formar el vocabulario que tenemos en proyecto”.

Las Hermanas, ligadas al campo de la Educación, encontraron en la selva, más de mil razones para hacer de su vida un servicio preferencial a la educación de las hijas e hijos de los nativos; que no siempre fue bien entendido. En dicha realidad forjaron su vocación misionera y nos legaron una espiritualidad encarnada y con clara preferencia por los más pobres. En palabras de nuestra Fundadora M. Ascensión Nicol: “Mis preferencias han sido siempre para las almas sencillas… “¡Cuánto bien se hace en nuestras misiones y que cerca del cielo se siente el alma en esas apartadas regiones!  Nunca me he sentido tan carca de Dios como en mis diez y seis meses de montaña…”. (Lima, 1918)

El nacimiento de nuestra Congregación en el corazón de la selva, fue el resultado de la búsqueda y el encuentro en comunidad de la voluntad de Dios. Nuestros Padres Fundadores y nuestras primeras hermanas, tuvieron la audacia de escuchar atentamente los clamores del pueblo sufriente y de comprometerse con su historia.

 

  1. Continuamos en la Amazonía

Cien años después continuamos en la Amazonía, y la vida, sigue estando amenazada, tal vez hoy más que antes. Así lo señaló también el Papa Francisco en su visita a Puerto Maldonado en enero 2018.

Madre de Dios, es una de las zonas de mayor biodiversidad del planeta y hasta los años 90 fue la región mejor preservada de la Amazonía peruana, pero el boom del oro, agudizó los impactos sociales y ambientales de la minería aurífera en la región. La minería ilegal, la tala de árboles, el narcotráfico; son la fuente de los grandes intereses económicos que están arrasando con los bosques, contaminando los ríos, explotando laboral y sexualmente a la población más vulnerable y poniendo en riesgo la vida de los Pueblos Originarios, que dependen de recursos animales y vegetales de este territorio. A esta realidad, se suma la corrupción y el fenómeno de la fuerte migración interna, que llega de manera forzada en busca de trabajo y ha ocasionado el crecimiento de la periferia urbana.

 

  1. La fecundidad de la Amazonía

La expansión y crecimiento de la Congregación desde la Amazonía a otros continentes se fue dando en el diálogo del Carisma y la realidad que acontecía en diferentes lugares. A la vez, nuestras hermanas fueron aprendiendo que el seguimiento de Jesús, en su nueva vocación misionera, era sinónimo de itinerancia e interculturalidad. Estas constataciones son una muestra de la fecundidad de esta tierra. Hoy somos en la Institución 609 hermanas, de 26 nacionalidades y presentes en 22 países. Las estadísticas nos dicen que al año 2018 se habían abierto 311 comunidades; de las cuales muchas se han cerrado, por diversas razones. Nuestra comunidad de Puerto Maldonado, fue la segunda en crearse[2]. Llevamos 104 años de presencia ininterrumpida en la Amazonía, donde no han estado ausentes las sombras.

El proceso de evangelización se inició de acuerdo a la experiencia de nuestros Fundadores y Pioneras, llegados de España. Ante el “abandono religioso” y la ausencia de escuelas; fundan la primera escuelita “Santa Rosa” para Mujeres,  que posteriormente se convirtió en Colegio “Santa Rosa”. Se desplazan al interior en busca de las niñas, las llevan a la ciudad y para ello abren un Internado, donde las van instruyendo en diferentes aspectos y celebran los sacramentos. También llevan mujeres enfermas a quienes atienden con diligencia y esmero.   En muchos casos, las niñas eran amancebadas por sus padres a la edad de 9 años y las mujeres canjeadas por animales de carga.

“La primera niña se llamó Rosita. No puedo explicarle el goce que experimenté al recibirlas, apreciando más este regalo que cuantos tesoros pudiera el mundo proporcionarme. Hoy acaban de traerme una niña de Río Piedras y anuncian otras más sobre las que tengo aquí, que ya forman una buena aunque abigarrada clase” (M. Ascensión Nicol)

Esta fue la primera “escuela de espiritualidad” que nos acercó a la realidad amazónica y a la población femenina, y fue el horizonte inspirador del Carisma que tantas hermanas intentaron hacerlo vida a lo largo de la historia en esta comunidad. Cuanto más se iban comprometiendo y aprendiendo en el campo de la Educación, más descubrían a Dios presente en las personas.

Dicha experiencia de evangelización, que trascendía las aulas del colegio, fue acompañada por la preocupación de la situación de la mujer, analfabeta en muchos casos y maltratada en otros; por lo que se crea el Centro de Pastoral Social “Ascensión Nicol”, brindándoles espacios de formación y escuchando sus diversas problemáticas. Esta práctica decantará posteriormente en la creación de la Oficina de Derechos Humanos, del Vicariato, que estuvo bajo nuestra dirección hasta hace poco tiempo; hoy a cargo de Caritas.

A la luz de estos servicios, en los que transcurrió nuestra vida misionera en Puerto Maldonado, también hacemos una relectura objetiva y crítica que nos ayuda a seguir profundizando y escuchando la voz de Dios que interpela cada día. Somos parte de la Iglesia que trabajó incansablemente en los internados y colegios, velando por sus derechos; servicios realizados con afecto, esfuerzo y buscando alternativas de sostenibilidad externas. Sin embargo no supimos integrar la cultura de los Pueblos Originarios a nuestra práctica, específicamente en el campo de la liturgia, en la formación y empoderamiento de Líderes Sociales, ni en la promoción de sus lenguas en Educación. Los hicimos receptores y destinatarios de una evangelización inculturada, que no permitió la expresión propia de su Sabiduría. Hoy la cosmovisión de los Pueblos Originarios está en peligro de extinción, porque se han sumado otros elementos externos e internos más agresivos, que van desplazando su expresión y valoración.

 

  1. “Abrieron horizontes…continuamos el camino”

Este fue el lema que acompañó el primer centenario de nuestra llegada a Puerto Maldonado el 2015. Continuar el camino iniciado por nuestras Pioneras que, confiando en Dios, pusieron a prueba su capacidad de adaptación y su creatividad espiritual para abrir nuevos caminos; nos desafía también hoy a desplegar coraje y audacia espiritual en los nuevos caminos eclesiales a buscar y en  la ecología integral que el Sínodo Pan Amazónico quiere seguir impulsando.

Actualmente la comunidad compuesta por cuatro Hermanas, tiene rostro internacional y pluricultural. Hermana Gloria Márquez, de nacionalidad filipina, secretaria del Vicariato Apostólico de Puerto Maldonado, que lleva siete años en la Región, acompaña a las Mujeres en el Taller “Ascensión Nicol”; Hermana María Lourdes Pérez, nacionalidad española, Coordinadora de la Mesa de Concertación para la lucha contra la pobreza-MCLCP- y lleva cinco años en la zona; y las Hermanas que llevan un año en la Comunidad, Zully Rojas, peruana; integrante del equipo de Pastoral Universitaria, de la Pastoral Indígena y miembro del Equipo Itinerante del Vicariato que visita las Comunidades Nativas de la Región y Ermelinda Natchimbia, de nacionalidad angolana, quien acompaña también a las Mujeres en el Taller “Ascensión Nicol”, visita el hogar  “Señor de los Milagros”, de Niños en estado de vulneración y riesgo e integra el grupo de animadores de la “Infancia Misionera”.

Nos sentimos una comunidad en búsqueda, aportando al caminar de la Iglesia Local, al proceso de reestructuración que viene viviendo la Vida Religiosa y nosotras como Congregación en América del Sur. Así lo expresa nuestro Proyecto Comunitario Apostólico -PAC-: “Nos convoca el espíritu de nuestros Fundadores y Hermanas Pioneras, que traduce  nuestro compromiso misionero en Defensa de la Vida, desde los diferentes espacios socio eclesiales en que nos vamos ubicando… La Misión es el eje transversal que da sentido a nuestra vida y queremos aportar, junto a otras fuerzas civiles y eclesiales, a la gestación de una sociedad que atienda los desafíos que nos presenta la Amazonia en su complejidad, como expresión del Proyecto de Jesús, de vida en abundancia…Este Proyecto se justifica porque la realidad  de injusticia, corrupción, violación de los derechos humanos, pérdida de identidad cultural y depredación del medio ambiente; demanda una presencia articulada, profética y discernida con esta Iglesia Local, que busca tener rostro amazónico. Así también, sostener una comunicación profunda, sobre el sentido de nuestra presencia en los diferentes espacios de Misión, priorizando la pastoral indígena y la pastoral juvenil… La  espiritualidad que acompañará este proceso será una espiritualidad encarnada, que invita a tener los mismos sentimientos de Cristo Jesús (Filp 2,5-11) para una vida en abundancia (Juan 10, 10).”[3]

Dicha búsqueda actual, viene precedida por un proceso de discernimiento comunitario, que llevó a tomar decisiones y proyectar nuevas presencias pastorales.  Salimos del ámbito seguro del Colegio y buscamos articular en red con la sociedad civil como miembros de una Iglesia en salida. Así fue que hicimos presencia pastoral en algunos Asentamientos Humanos desde el 2012, a través de sus organizaciones; tomamos contacto con la “Mesa Multisectorial para Trata de Personas”, coordinando la Veeduría para Trata y aliándonos, desde el 2015 con la Red Kawsay y CHS Alternativo. También contactamos y formamos parte de la Mesa de Concertación para la lucha contra la pobreza desde el 2013.

Continuamos el camino bajo nuevos paradigmas de misión y hoy tenemos la certeza, que el Misterio de Dios sigue develando su rostro en nuestro itinerario y discernimiento comunitario que vamos viviendo; incluso en los momentos de silencio y de oscuridad. No podemos dejar de reconocer también, que la visita del Papa Francisco a Puerto Maldonado, en el año de nuestro Centenario, y la convocatoria del Sínodo Pan Amazónico, inyectó vigor a nuestras búsquedas; porque visibiliza la situación real de la Amazonia que clama justicia y confirmó las intuiciones que habíamos empezado a compartir en la Provincia, en la comunidad y en el Vicariato.

El servicio a la Iglesia Local, a través del Vicariato Apostólico de Puerto Maldonado, se traduce en presencia vinculada a organizaciones que defienden la vida, la cultura, el territorio; servicio que desafía el acompañamiento sostenido a las Comunidades Nativas y a los agentes pastorales, más allá del Templo; formación permanente en la cosmovisión de los Pueblos Originarios;  recreación de la liturgia desde las Sabidurías ancestrales; defensa de los Derechos Humanos conculcados a los más pobres; entre otros aspectos más.

 

  1. Al andar se hace camino

Inspirándonos en la práctica de Jesús y teniendo el marco del Sínodo Pan Amazónico, que nos desafía a mayor creatividad y audacia, nos hemos echado a andar y ensayar; y confiamos, seguir aportando en la construcción de una sociedad más humana e inclusiva y una Iglesia con rostro amazónico como signo del Reino de Dios.  

Nuestra Hermana Gloria, guarda muy bien la confidencialidad como Secretaria del Vicariato y expresa su alegría por este servicio al Vicariato en los diferentes aspectos que engloba.

Nuestra presencia en la Mesa de Concertación para la Lucha contra la Pobreza  MCLCP a través de Lourdes, y en el Comité Ejecutivo Regional CER como congregación, supone un espacio privilegiado desde el 2013, para coordinar acciones que permitan luchar eficazmente contra la pobreza que afecta a la población regional.

Nuestra Hermana Lourdes nos dice que “esta presencia tiene sentido porque promueve una Vida Digna para todos y todas. La defensa de los Derechos Humanos, a través  de los acuerdos de Gobernabilidad y el Seguimiento Concertado busca, con los organismos correspondientes, consensuar políticas públicas en favor de la reducción de las brechas de pobreza; donde algunas son orientadas específicamente a mejorar la calidad de vida de las comunidades nativas; como es el caso reciente de la aprobación de dos Tambos en la Comunidad de Diamante y Shintuya.  

Ser Coordinadora de la Mesa, me permite fortalecer el trabajo en equipo, y desde allí tener diversos elementos de análisis de la realidad y acompañar iniciativas promoviendo el diálogo, el respeto; consensuando  prioridades, proponiendo metas en el Comité Ejecutivo Regional, concertando con los diferentes actores del Estado y Sociedad Civil. Es un servicio sumamente importante  que me permite mostrar una Iglesia creíble y profética.”

El testimonio de nuestra Hermana Ermelinda, nos acerca a lo que significa la defensa de la vida de los más vulnerables: “La experiencia que estoy haciendo en el Hogar “Señor de los Milagros” donde se acoge a  niños y niñas en situacion de vulnerabilidad, es expresión del deseo de Justicia y Paz, que nace de la relación armoniosa con nosotras mismas, con la naturaleza y con Dios; siendo a la vez  confirmación de la esperanza y de la vida  fundamentada en el amor. Son múltiples las causas que afectan los derechos fundamentales y  la vida segura de niños y niñas, causas que se ubican en la familia como abandono, maltrato y abusos de todo tipo.

Evoco el caso de la Niña “NN”, que recogida por la policia en la carretera con algunos días de nacida, llega al Hogar y hoy despues de cuidados intensivos, a sus dos años comienza a dar sus primeros pasos, inseguros aún y no pronuncia palabra alguna. ¿Hasta cuándo tendrá que estar en el Hogar? El derecho a  tener una familia, parece que está negado a algunos. La  pobreza en sus multiples dimensiones duele y deja huellas profundas.”

Nuestra Hermana Zully, miembro del Equipo Itinerante y de la Pastoral Indígena nos comparte también su testimonio: “La visita del Papa Francisco fue una bendición para esta tierra y quienes la habitan. Los líderes nativos que forman parte de la Pastoral Indígena, se sienten convocados y urgidos por el encargo que les dejó el Papa sobre la defensa de su identidad cultural. Las visitas a las comunidades nativas ribereñas, me está permitiendo, además de perder el miedo a navegar por los ríos, el acercamiento a la cosmovisión de algunas etnias. Hemos trabajado el documento preparatorio del Sínodo Pan Amazónico, escuchando su voz, acogiendo su problemática y sus valores, como también su espiritualidad.

Es una experiencia que exige estar, escuchar, estudiar, aprender y desaprender. No es un camino fácil porque las diferencias culturales son evidentes; sin embargo, el lenguaje del corazón va creando los vínculos necesarios para interactuar desde los aspectos comunes que tenemos. Me duele ver los terrenos deforestados por la minería y la tala de árboles, ver a madres adolescentes y jóvenes con sueños truncados que no pueden continuar los estudios; liturgias que no incluyen aspectos de su cultura  y me anima la esperanza de la convocatoria del Sínodo y las pequeñas respuestas que se van dando a través de sus iniciativas para cuidar los bosques y fortalecer su identidad cultural.”

Aquí estamos y queremos hacer posible algunos sueños por los caminos que Dios nos tiene reservados en la Amazonía.

Comunidad de Puerto Maldonado

Misioneras Dominicas del Rosario

[1] MARTÍN-TESORERO, I., Historia de la Congregación. Carta Monseñor Ramón Zubieta, p. 199

[2] La primera comunidad fue el Beaterio de “Nuestra Señora del Patrocinio”, ubicada en Lima, que acogió a las primeras hermanas llegadas de España en 1913. Hoy Convento del Patrocinio, sede de la casa provincial.

[3] Extracto del Proyecto Comunitario  2019 en su diagnóstico, justificación y finalidad.

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